Les espions / 1957 / H.G. Clouzot

Es duro ser un espía, che. No es que lo haya experimentado, válgame dios, pero basta ver una película de este calibre para hacerse una idea.
El protagonista es un espía accidental. ¿Cómo se mete en el negocio? De casualidad. Es un médico psiquiatra que regentea un establecimiento que se cae a pedazos y sin que nadie le diga agua va se encuentra con una oferta que no podrá desechar. El encargo es alojar a un agente , que por supuesto es una especie de blanco móvil (en el gremio todos se conocen).
Para empezar, el buen hombre nunca sabe quién es el agente en cuestión, pues si hay operaciones de inteligencia las hay de contrainteligencia, lo que convierte a la clínica psiquiátrica en una romería de personajes que no tienen del todo claro para quién sirven ni contra quién pelean o, dicho de otra manera, están solos y combaten contra todos.
Cuando el médico reacciona ante la evidencia ya es demasiado tarde. Se han reunido los elementos para hacer de esta historia una gran comedia y si no lo consigue es precisamente por la confusión propia del nunca pisar sobre seguro .
Vista así, como comedia, se la nota enrevesada, por momentos errática; porque es también un drama psicológico, casi una denuncia laboral, pero no tomaremos en serio ni una ni otra vertiente. Otra buena pieza para H.G. Clouzot, un capo del cine francés del mediados del siglo xx.

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